En la Biblia se mencionan los nacimientos y muertes de cientos de personas, pero solamente una se puede identificar con una fecha exacta – el 14 de agosto de 586 antes de Cristo. En esta fecha la ciudad de Jerusalén fue destruida y quemada por primera vez, y también en esta fecha murió una mujer bien amada, la esposa de Ezequiel el profeta. Cuando Dios se dirige a su siervo le dice, “de un solo golpe quitaré la delicia de tus ojos. No hagas luto ni te afliges, llora silenciosamente como señal a la casa de Israel en exilio” (mi versión). Ezequiel predicó al pueblo en la mañana y en la tarde murió su esposa como un símbolo profético, quitado para dar una lección al pueblo de Dios.
Cuando leí esto por primera vez en capítulo 24 de Ezequiel, sentí ofendida que Dios quitaría la vida de una mujer, una esposa amada, ¡solamente para usarlo como una ayuda visual! Y luego le dice a su siervo que no haga luto ni lamenta ni expresa sus sentimientos. ¿Que clase de Dios servimos? Con estos pensamientos en mente, regresé a revisar detenidamente al libro que escribió el profeta.
Ezequiel fue escogido por Dios para ser su vocero al pueblo en cautividad, para declarar el corazón de Dios a las personas en exilio en Babilonia quienes esperaban noticias de su Jerusalén querido. Era una tarea terrible, porque ni los cautivos ni los que permanecían en Judá se arrepentían de sus pecados. Hasta el capítulo 24 del libro, Dios le manda a llorar, lamentar y estar de duelo, pero cuando fallece su esposa, no debe hacerlo. Entonces, en los ojos de Dios, ¿Cuáles son las cosas que debemos llorar y lamentar?
No debemos llorar o lamentar la pérdida de nuestros seres queridos que mueren y llegan a la presencia de Dios, lo que se nos confirma en las cartas de los apóstoles. Tampoco debemos lamentar la pérdida de nuestros bienes o cuando somos perseguidos o maltratados por el mundo.
¿Qué debemos lamentar? Según el libro de Ezequiel, esto es lo que debe quebrantar nuestro corazón y doblar nuestro rodillo.
Así ha dicho el Señor Jehová: "Golpea con tu mano y pisotea con tu pie, y di: ‘¡Ay de todas las terribles abominaciones de la casa de Israel! Porque con espada, hambre y peste caerán. 6:11
Y le dijo Jehová: —Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y pon una marca en la frente de los hombres que suspiran y gimen a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella. 9:4
"Oh hijo de hombre, come tu pan con temblor y bebe tu agua con estremeci-miento y angustia. Dirás al pueblo de la tierra que así dice el Señor Jehová a los habitantes de Jerusalén, acerca de la tierra de Israel: ‘Comerán su pan con angustia, y beberán su agua con horror, porque la tierra será desolada de su plenitud a causa de la violencia de todos los que viven en ella. 12:18-19
"Y tú, oh hijo de hombre, gime con quebrantamiento de corazón; gime con amargura ante sus ojos. Y sucederá que cuando te digan: ‘¿Por qué gimes?’, les dirás: ‘Por la noticia que viene, porque todo corazón desfallecerá y todas las manos se debilitarán. Todo espíritu desmayará, y todas las rodillas se escurrirán como agua. ¡He aquí que viene, y va a suceder!’," dice el Señor Jehová. 21:6-7
Busqué entre ellos un hombre que levantara el muro y que se pusiese en la brecha delante de mí, intercediendo por la tierra para que yo no la destruyera; pero no lo hallé. 22:30
Nuestro corazón debe quebrantarse y debemos lamentar por la destrucción que espera a los que rechazan a Dios, y persisten en buscar la maldad. El clamor de nuestro corazón debe ser el mismo que el Dios justo que clama,
“Arrepentíos y volved de todas vuestras transgresiones, para que la iniquidad no os sea causa de tropiezo. Echad de vosotros todas vuestras transgresiones que habéis cometido, y adquirid un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué habréis de morir, oh casa de Israel? Ciertamente, yo no quiero la muerte del que muere, dice el Señor Jehová. ¡Arrepentíos y vivid! 18:30-32
¿Cual es nuestra reacción al destino eterno de nuestros vecinos, los niños callejeros, las prostitutas en las esquinas, los políticos corruptos en el gobierno, las tribus perdidas en el Amazonas, los que adoran dioses falsos en la India y África? ¿Nos damos cuenta del dolor y aflicción que siente nuestro Padre cuando los ve vagando ciegamente en la vida y caminando hacia el abismo sin salida?
Para Dios, Jerusalén era y es su delicia, la ciudad que él fundo y hermoseó, el estrado de sus pies, el lugar donde reposaba su Gloria. Ahora tiene que retirarse del templo, su santuario, porque su gente lo ha hecho vil y asqueroso. Con cuanto dolor grita en 8:6, “Hijo de hombre, ¿Ves lo que hacen – las cosas detestables que hace la casa de Israel aquí, cosas que me alejaran de mi santuario? “
Yo creo que por eso tuvo que morir la esposa de Ezequiel, para que sintiera un poco el terrible dolor y angustia del Dios todopoderoso que abandonaba su santuario. Dios quería que a lo menos un humano compartiera su terrible dolor y aflicción por las consecuencias del pecado y maldad.
Y usted, ¿por quien llora?