Orando por las Etnias

Es un espacio para compartir tus pensamientos y experiencias acerca de los grupos étnicos de México y el mundo. Basado en la Guía Mundial de Oración y ¨Alcancemos las Etnias de México

miércoles, agosto 31, 2005

LA GENTE LLORA por Kim Schultz

Era un viernes por la tarde. Viernes es el día santo aquí en este país musulmán. Los viernes en la ciudad de Cairo siempre son días tranquilos. Nadie trabaja y todos duermen tarde. Muchos toman ventaja del día para pasar tiempo juntos como familia. Era un tal viernes cuando de repente llantos horribles rompieron la tranquilidad. Corrí hasta la ventana para descubrir la razón de los gritos. Por la calle pasaba una procesión funeraria.
Seis hombres cargaban el difunto. Una pieza de tela cubría su cuerpo. Como es la costumbre aquí, ya habían hecho el velorio. Por lo regular la familia del difunto trae una persona religiosa para leer o decir de memoria piezas del Corán mientras se lleva a cabo el velorio. Al terminar el velorio se traslada el cuerpo al lugar del entierro. La gente aquí es pobre, por eso cargaban al difunto sobre sus hombros en lugar de llevarlo en carro.
Eran unas treinta personas que iban siguiendo tras el cuerpo del muerto. La mayoría han de haber sido familiares. Las mujeres soltaban sollozos tan fuertes que parecía que se les quebraba el alma. La gente egipcia no es tímida, cuando se alegran lo hacen a lo máximo, pero cuando lloran también lo hacen hasta lo máximo. Los gritos de esas mujeres llenaban la calle y subían hasta el décimo piso de mi edificio, desde donde yo les miraba.

Esos sollozos demuestran el temor con que vive esta gente. Temor de los espíritus jin. Temor de la ira de Alá. Temor del ojo malvado. Temor de la muerte. Temor de lo que hay después de la muerte. Los Musulmanes creen en un dios que no les da seguridad de salvación. Sí creen que el ser piadoso les da entrada al paraíso, y que seguir los cinco pilares (mandatos) del Islam es la mejor manera de obtener salvación… pero aún estas cosas no les da la seguridad que desean, y por esta razón hay temor.

En la biografía de Lilias Trotter, una mujer quien vivió como misionera por 40 años entre los musulmanes de Argelia, se relata de un encuentro que ella tuvo con otro grupo de mujeres quienes lloraban. Lilias escribió: Una de ellas me mostró los rasguños sobre su cara que había hecho al llorar por su esposo que había muerto.
“¿Que hacen ustedes cuando alguien muere?” me preguntó. Le dije que si creíamos en Jesús, Dios nos consolaba. Esto les pareció sorprender muchísimo y se repetían entre ellas, “Dios les consuela! Dios les consuela!”

¡Hay un solo Consolador! ¡Hay un solo Dios quien puede librar del temor! Hay un solo Dios quien puede dar seguridad de salvación. Pero ese Dios no quiere trabajar solo. Ese Dios nos ha dado una comisión. El poder es suyo, pero la tarea es nuestra.

Yo creo que Dios va a hacer cosas maravillosas en esta parte del mundo. Va a hacer cosas entre los musulmanes que no nos imaginábamos. No tengo duda que habrá un avivamiento entre esta gente. Pero para esto El pide que nosotros entreguemos nuestra vida y la rindamos a El. Creo que Dios me ha escogido para esta tarea, y me ha dado un amor inmenso para los Musulmanes. Pero yo soy sólo una persona, y hay tantos quienes necesitan saber de la liberación que hay en Jesús.
No digas, “Yo no puedo entre los musulmanes.” Puede ser que la tarea se vea imposible. Pero se empieza con uno y se sigue con otro, y juntos dispersamos el temor. Como escribió Lilias, acerca de las olas del mar: “La primera es pequeña, llevada por los vientos desde la profundidad del mar hasta que cae sobre la arena y retrocede quebrantada, aparentemente sin haber logrado mucho. Pero la marea es el corazón del mar avanzado irresistiblemente a la victoria, pero necesitando cada una de esas olas pequeñas y quebrantadas para alcanzar su meta.” Yo solo soy una ola pequeña aquí en esta tierra, aún no se oye el fuerte son de la marea de la victoria que tendremos entre esta gente. Lo que importa es que nos dejemos llevar por la fuerza que viene tras nosotros, para ser enviados lejos de donde originamos.
Yo soy una solo mujer. Pasé tanto tiempo diciendo “Heme aquí” pero no me permitía ser enviada. Yo también tenía temor. Soy sólo una pequeña ola sobre esta playa enorme que necesita ser saciada. No es fácil la tarea. Diariamente yo tengo que enfrentarme a situaciones difíciles aquí en Egipto. Hay días que siento que no he logrado nada. Pero mi Padre me recuerda que yo no lo puedo lograr todo. Quizá no podré lograr mucho, pero tengo la satisfacción de saber que le estoy obedeciendo. ¿Y sabes qué?--- ¡Dios me está usando! ¿Cuánto más te puede usar a ti?
Es hora de ser valiente. Deja de decir, “Heme aquí, envíame Señor,” ¡y ven! Ya te ha llamado. ¿Qué esperas? No digas que no puedes porque eres soltera. No digas que no puedes porque estás casado. No digas que no puedes porque estás estudiando o trabajando… ¡Obedece! La gente aquí llora, ¿cuando te dejarás ser enviado?


Kim Schultz es hija de Marcos, criada enBaja California, ellaescribe desde Cairo, Egipto.
Notas sobre la vida de Lilias Trotter tomadas de: St. John, Patricia. Until the Day Breaks. Carlisle, England: OM Publishing, 1919.